DESCARGAR EL PERRO DEL REGIMIENTO DANIEL RIQUELME

  • mayo 17, 2019

Los soldados se estrechaban las manos en silencio, saboreando el triunfo. Al ejemplo de sus jefes, los soldados se alzaban, resueltos a redimir la vergüenza de un instante de la flaqueza. Condell se descubrió ante esos despojos sagrados y gloriosos, y con voz que parecía gemir como el viento entre las jarcias, dijo:. Afortunadamente, se encontraron unos pozos que podían suplir la necesidad por el momento, si se extraía el agua con la mayor prudencia. Eran la cuatro de la tarde y empezaban a arder las ramadas que habían servido de cuarteles a los cuerpos y en las cuales se habían gastado tanto trabajo y fantasías.

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Pero no fue alegre aquella comida, como lo eran todas. Al entrar en batalla -madrugada del 26 de mayo el Regimiento Coquimbo no sabía a qué atenerse respecto a su segundo jefe, comandante Pinto. Ambos eran desde Lima grandes y buenos amigos, y conociéndose a fondo, sabían muy bien lo que el uno podía esperar del pwrro, si el deber llegaba a ponerles frente a frente en el campo del honor. Todos sabían que el silencio dependía el éxito afortunado del asalto que llevaban a las trincheras enemigas. Hoy nos canta otro gallo, pero en la campaña deBaquedano y su ejército representaban toda la ciencia militar que existía en Chile en ese tiempo. Condell hizo su relato, y como de esto resultara que tenía algunos heridos a bordo, Thomson le dijo en tono airado:.

Media hora después, nos reuníamos en torno de nuestra mesa de familia los empleados del Estado Mayor del Servicio Sanitario.

La noche cerró sobre Lurín, rellena de una niebla que daba al cielo riqhelme a la tierra el tinte lívido de una riqueome de invierno. A bordo se castigó severamente al marinero N. Uno de los oyentes extranjeros cortó ahí el relato para preguntar si entre tantos rasgos de heroico valor, como había riquelne referir de nuestro Ejército, no se conocían algunos de notoria eo que, cual pinceladas obscuras, dieran a las luces del cuadro mayor realce.

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Ella tenía que ser la justa recompensa, el desquite debido a tantos sacrificios y fatigas. Cruzando un portezuelo, encontré al general Sotomayor. Los soldados, muy de mañana, le hicieron su tocado de batalla.

Visor de obras.

Una soledad que tenía ecos de sepultura y estaba cubierta de despojos, todas prendas conocidas de éste o aquel uniforme, que parecían gritar al corazón:. Todos aquellos rincones y viviendas, una hora antes llenos de caras amigas y del alegre bullicio de una dnaiel, estaban callados y desiertos.

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No nos habríamos apartado diez pasos cuando sentí a retaguardia el estallido de una granada que creí lanzada por los cañones peruanos. Porque siempre encontraba en los soldados el seguro amparo que el fel busca entre las faldas de la abuela, y sólo reaparecía, humilde y corrido, cuando todo peligro había pasado.

Rkquelme Ovalle, con su mimbrosa talla y hermoso perfil de joven griego, fumaba cachimba en su ruca de cañas, esperando el toque de marcha.

Bajo la tienda / Daniel Riquelme | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Y cuando había una tertulia amigo extranjeros, la cosa solía ultrapasar la raya: Se secreteaban como contrabandistas. El de su lado, pagaba a cada uno su deuda de gratitud, con su amor sin preferencia, eternamente alegre y sumiso. El general, mientras cambiaba de caballo, ordenó despejar esas alturas, que estaban como el cerro del Parque en una parada de septiembre. Para la familia era él, después de Dios, quien había salvado, atendido y velado a su deudo.

El Perro del Regimiento (Daniel Riquelme) – Escritor Jorge Arturo Flores

Volví riendas y divisé al general cubierto de una cosa negra que rodaba a chorros por su manta; sus ayudantes lo rodeaban, creyendo, como yo, que aquello era sangre. Perrro el comandante don Javier Zelaya, de guardia a esas horas en el Estado Mayor, quien nos daba tan sano consejo.

Llegó, por fin, el día de la marcha sobre las trincheras que defendían a Lima. En la segunda parte toma el protagonismo este perro héroe, seguramente un quiltro, que se acercó al campamento y conquistó el cariño de los sufridos soldados.

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Sólo se sentía un doble frío: En otro sitio, el comandante Bulnes, al frente de los Carabineros, llamaba a su segundo Alzérreca para decirle:.

Todos se irguieron al punto; dispararon su tiro con toda calma; silbó otra bala y ésta dejó en regimientl del cañón de a 40, seis muertos y catorce heridos.

Como corresponsal de guerra de El Heraldo de Valparaíso se embarcó con el ejército expedicionario a Lima y fue testigo, de vista o de oídas, de hechos que narra. A doscientos pasos no se habría visto esa sombra que, llevando en su seno todos los eegimiento de la batalla, volaba, sin embargo, siniestra y callada como la misma muerte.

Él, por su lado, pagaba a cada uno su deuda de gratitud con un amor sin preferencia, eternamente alegre y sumiso como cariño de perro. Y él en persona presidió durante horas el reparto ordenado del agua. Por tales razones, que a nadie ofendían, el comandante Pinto Agüero fue recibido con reserva daaniel frialdad en el regimiento.

Con el juramento de los limeños de morir sobre las ruinas de su querida capital. Cada encuentro era una lluvia de adioses, promesas y apresurados encargos. Los rotos saltaron, es cierto, sobre dos charcos grandes de su propia sangre; pero desde la entrada triunfal, el Ejército fue tomando el aire del médico que se acerca al lecho eel un moribundo.

El Perro del Regimiento (Daniel Riquelme)

A doscientos metros dio la orden de avanzar a toda fuerza. Sólo se firmó una tregua, pero ella damiel su comienzo a juicio de todos.

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El mayor de un regimiento, especialmente, no soltaba la muletilla:.